—Sí, es cierto.

Bajaron las escaleras y salieron a la calle del Carnero. Chamizo iba muy mal impresionado.

—¿Qué va usted a hacer?—dijo el padre Jacinto.

—Ya veré.

En esto, una suela de zapato empapada en barro pasó como una exhalación por encima de la cabeza de los dos eclesiásticos y dió en una pared, llenándoles de barro. Se volvieron y oyeron risas, y vieron varios chicos y mujeres cogiendo piedras.

—Son frailes disfrazados. ¡Fuera! ¡Fuera!—les gritaron.

Chamizo y el jesuíta echaron a correr, cada uno por su lado...

Chamizo pasó varios días pensando en qué habría de verdad en la confesión de Gasparito, y como le preocupaba el asunto y le impedía tener la imaginación libre para pensar en otras cosas, decidió aclarar el misterio.

Fué a ver al policía don Nicolás de Luna y le explicó la duda en que se encontraba.