—¿Así que era una comedia su delirio?

—¡Natural! Es un tío sabiendo, el Gasparito.

Aquello tranquilizó a Chamizo, y quedó inclinado a creer que la orden de la Junta del Triple Sello era una invención del hijo de la tía Sinfo, la echadora de cartas.

Contento volvió a casa con Bartolillo, el chico de la librería, echándoselas de protector suyo, aunque en aquel día él había sido el protegido.


VI.
LOS ISABELINOS

El 24 de julio se abrían los Estamentos. La gente política se hallaba muy preocupada.

Este mismo día supo Chamizo que horas antes de la apertura de las Cámaras prendieron a Aviraneta en su casa de la calle de Cedaceros. Le había denunciado Civat, el ex guardia de Corps, el revolucionario terrible, que, como Salvador, resultó un agente de los realistas venido de Barcelona.

La prisión, por lo que dijo Gamundi, unos días después, la efectuó el comisario don Nicolás de Luna. Civat llevó su cinismo hasta acompañar al comisario con ocho soldados hasta la puerta de la casa de la calle de Cedaceros y quedarse en la esquina de la calle de Alcalá a ver pasar a Aviraneta camino de la cárcel, en medio de soldados, armados con bayonetas.