En un Palo de Ciego, publicado una semana después de la prisión de Aviraneta, en una conversación entre un lechuguino y un capitán se decía esto:
—¿Supongo que usted será
isabelino y cristino,
guardador de la inocencia
y enemigo del calismo?
—Si al que es adicto a Isabel
se le llama isabelino,
y mi honor en ello cifro;
pero se engaña quien piense