—Bien, ¿y usted, señor Aviraneta?

—Muy bien.

—Le doy a usted las más expresivas gracias por haber venido a visitar a un pobre preso en estos tiempos calamitosos.

—Para la desgracia son los amigos. Y ya sabe usted, Aviraneta, lo que yo le estimo.

Aviraneta, cambiando de voz, preguntó:

—¿Y el cónclave, qué tal va?

—Bien, muy bien—contestó Mansilla—. Vamos trampeando.

—¿Y el número Uno, por dónde anda?

—El número Uno ha muerto del cólera—dijo el cura con voz triste.