—¿Quién es?—le preguntó Chamizo, por curiosidad.
—Es don Lorenzo Calvo de Rozas, un hombre que se distinguió en el Sitio de Zaragoza y que fué ministro en 1823.
Los días siguientes siguió Chamizo acudiendo a la librería de viejo del señor Martín, donde compraba algunas menudencias. Se hizo muy amigo de la casa.
El hijo del señor Martín era un joven de unos veintitrés años, llamado Román, a quien llamaban el Terrible. Román estaba casado con la hija de un encuadernador. Era hombre vicioso, impulsivo, violento, que no le gustaba trabajar y saqueaba a su padre. Muchas veces Chamizo presenció tremendas disputas entre el padre y el hijo, que acababan con insultos y con amenazas.
III.
UN JESUÍTA
Un día acababa Chamizo de levantarse de la cama y estaba leyendo la Historia secreta de Procopio, en una edición antigua, cuando llamaron a su puerta y entró en su cuarto un cura joven. Saludó éste al ex fraile y le dió una tarjeta donde ponía:
Jacinto Jiménez,
S. J.
—Usted dirá que desea—le preguntó Chamizo.