—Bueno. Aquí deseamos saber, padre Chamizo—preguntó el padre Jacinto echándoselas de hombre franco y campechano—, si usted está con nosotros o con ellos.
—Yo no estoy con nadie. Yo no intento mas que encontrar un medio de ganarme la vida honradamente, y nada más.
—Nosotros se lo proporcionaremos.
—¿Ustedes?
—¡Sí! Con una condición.
—¿Y es?
—Que usted nos comunique los trabajos que hagan sus amigos liberales.
—¡Pero si no hacen trabajo alguno!
—Sí, sí; los hacen.