—¿Qué hizo usted después?—preguntó Tilly.
—Me vi con varios masones y comuneros, y unos me recomendaron que consultara con Calvo de Rozas, y otros, con Flórez Estrada. Visité a Calvo de Rozas, y éste me recibió con entusiasmo. Me aseguró que la juventud madrileña era liberal ardiente, que se podía contar con la oficialidad joven del ejército, y que no faltaba mas que organización, y que era necesario comenzar la obra. Bien—le dije yo—, pero no tengo elementos. Yo se los proporcionaré a usted—me contestó él.
—¿Y se los ha proporcionado?
—En parte, sí.
—¿Y constituyeron ustedes la Sociedad en seguida?
—No; yo había pensando en fundar la Junta del Triple Sello con dos delegados de cada sociedad antigua y un presidente, en total siete; pero no teníamos al empezar mas que un ex comunero, Calvo de Rozas; un masón, Beraza, y yo, que ingresé en una Venta Carbonaria en París.
—¿Hay carbonarios aquí?
—Algunos, entre los militares.
—¿Qué hicieron ustedes primeramente?