—Sí.
—Pero esos hombres tendrán que estar armados. ¿Y las armas?
—En eso estamos. Por el informe de los jefes de las centurias sabemos que hay muchos voluntarios que están dispuestos a comprar su fusil y sus municiones. Para los indigentes habrá que regalárselos, y se hará una suscripción.
—Muy bien: contribuíremos a ella con la modestia de nuestros recursos—aseguró Tilly.
—No hay necesidad. Ustedes pueden dar algo más que unas pesetas.
—Veamos cuál va a ser nuestra especialidad—indicó Tilly.
—El padre Mansilla que se dedique a buscar relaciones entre palaciegos y el clero realista; que se presente ante ellos como un partidario del absolutismo ilustrado..., un poco de tradición..., un poco de siglo.
—Está bien. Comprendido. Lo hará perfectamente. Va por ese camino.
—Aconséjele usted que se ponga a confesar para que pueda ir enterándose de todo.