—La cosa es delicada, pero lo conseguiremos.

—Respecto a usted, Tilly, si está usted ya en disposición de trabajar...

—Sí, sí.

—Convendría que entrara usted en el partido de los cristinos.

—¿Ha pensado usted el procedimiento?

—Sí; podía usted hacer un folleto pequeño acerca de las reformas de España. Podía usted defender a la Reina Cristina con entusiasmo; una carta por el estilo de la de Luis XVIII, y otras reformas. Unas cuantas citas sabias, Montesquieu, Bentham, etc.

—Nada; lo haré. Mansilla me ayudará. ¿Y después?

—Después imprime usted su folleto sin nombre, sólo con iniciales, y se lo envía usted a una serie de personas del partido cristino.

—Bueno. Se hará todo ello.

—Naturalmente, usted es noble. Usted se firmará de Tilly y tendrá usted un sello con las armas de los Tillys.