—Cada uno de nosotros puede crear, si encuentra ocasión, un nuevo Triángulo, y tenerlo en secreto.
—Yo, por ahora, será difícil—dijo Tilly.
—¡Ah, claro! Pero cuando salga usted más, será otra cosa. De todas maneras dígaselo usted a Mansilla.
—Se le dirá.
—Bien; me voy. Dentro de un mes vendré de nuevo por aquí.
—¡Un mes! ¿No será mucho tiempo?
—No. Si tienen ustedes necesidad de comunicarme algo importante me avisan a mi casa, calle del Lobo, trece, y yo vendré. A poder ser, escribir poco, únicamente en caso de necesidad. Para ello usaremos una clave.
—Muy bien.
—Después de comer estaré los lunes, miércoles y viernes en el café de Venecia; los martes, jueves y sábados, en el Café Nuevo; los domingos, en la fonda de Genies. Ahora, querido Uno, buenas tardes.
—Espere usted, amigo Tres. Mansilla vendrá a las cinco en punto, es muy puntual.