Aviraneta y Nogueras dijeron lo que había que hacer al día siguiente. Chamizo se levantó para marcharse.

Aquellos endiablados calaveras siguieron bebiendo y haciendo ruido. El periodista trajo una guitarra y se puso a cantar. Los demás llevaban el compás dando palmadas y golpeando con el puño en la mesa.

—Arza ahí... ¡Olé!

Del Brío se levantó e invitó a bailar el fandango a la Cascarrabias. Lo hicieron los dos muy bien, y como del Brío era, sin duda, maestro se subió a la mesa y bailó un zapateado al compás de las palmadas y de los golpes con el puño. Mientrastanto, Gamundi dormía un momento con la barba apoyada en una botella y con los ojos abiertos.

Salieron de la casa de la Bibiana a eso de las ocho de la noche y fueron hacia la Puerta del Sol.

—¿Quiere usted venir, don Venancio?—dijo Aviraneta.

—¿Adónde?

—A una reunión liberal que vamos a tener aquí en una casa de la calle del Arenal.

—Yo tengo que ir a trabajar.

—¡Bah!, por un día.