—Aviraneta—dijo Gamboa—, ¿quiere usted venir al café de Levante, de la Puerta del Sol? Unos cuantos amigos tenemos que hablarle.

—Vamos todos.

—Pero no así; en grupo llamaremos la atención.

Calvo de Rozas se despidió de Aviraneta diciéndole:

—No se comprometa usted a nada.

—No tenga usted cuidado.

Tilly, Aviraneta y Gamundi entraron en el café de Levante, ya vacío y sin público; llegaron Gamboa, Del Brío y otros jóvenes oficiales vestidos de paisano. Hubo apretones de manos y signos masónicos de reconocimiento. Se sentaron todos y Gamboa dijo a uno de estos oficiales:

—Habla tú.

El indicado era un muchacho apellidado Urbina, hijo del marqués de Aravaca, teniente de Artillería.