—Señor Aviraneta—dijo Urbina—. Nos ha parecido muy bien el discurso de usted en la reunión y estamos identificados con sus ideas. Contamos con muchos oficiales de los mismos sentimientos que nosotros; tenemos de nuestra parte a los sargentos y soldados del regimiento de la Guardia Real. Denos usted su plan revolucionario y lo realizamos mañana mismo. Prendemos a Zea Bermúdez y a todo el Ministerio; si es indispensable los fusilamos y damos un cambio completo a España.

—¿Qué garantías necesitarían ustedes?—preguntó Aviraneta.

—Por de pronto la lista completa del nuevo Gobierno que asuma la responsabilidad del movimiento.

—Eso tengo que consultarlo.

—Consúltelo usted con sus amigos cuanto antes.

—Lo haré así.

—Cuándo nos dará usted la contestación—preguntó Urbina.

—Mañana al mediodía.

—¿En dónde?

—En el café de Venecia.