—A nadie más que á él, que murió.
—¿Y cómo no se pudo escapar?
—Se pudo escapar. Verás lo que pasó; él llevaba una botella de pólvora cloratada, la puso delante de la verja del hotel y encendió la mecha. Cuando se retiraba, vió que iba á entrar una criada con unos niños. Inmediatamente Paco volvió, recogió la botella y en la mano le estalló; le arrancó el brazo la explosión y lo dejó muerto.
El Madrileño, conocido de la policía como amigo de anarquistas, había sido víctima de un seudocomplot de la calle de la Cabeza, y había estado algunos meses preso.
CAPÍTULO II
El derecho.—La ley.—La esclavitud.—Las vacas.—Los negros.—Los blancos.—Otras pequeñeces.
El domingo siguiente llegó Manuel tarde á la reunión; hacía un hermoso tiempo de invierno, y Manuel y Salvadora lo aprovecharon para pasear.
Cuando entró Manuel en el juego de bolos, la discusión estaba en el período álgido.