—Claro—dijo Prats.

—No, claro no—y el jorobado agitó enérgicamente la cabeza con vigorosos signos negativos—, porque el derecho de la persona varía con los tiempos y hasta con los países.

—El derecho es siempre el mismo—afirmó el grupo jacobino.

—¿Pero cómo antes se podía hacer una cosa, por ejemplo, tener esclavos, y ahora no?—preguntó el jorobado.

—Porque las leyes eran malas.

—Todas las leyes son malas—afirmó rotundamente el Libertario.

—Las leyes son como los perros que hay en el Tercer Depósito—dijo con ironía el Madrileño—, ladran á los que llevan blusa y mala ropa.

—Si se suprimiera el Estado y las leyes—afirmó uno de los circunstantes—los hombres volverían á ser buenas personas.

—Esa es otra cuestión—repuso con desdén Maldonado—, yo le contestaba al señor—y señaló á Rebolledo—y ¡la verdad! no recuerdo lo que decía.

—Usted decía—dijo el jorobado—que las leyes antiguas, que permitían tener esclavos, eran malas, y yo no digo que no; lo que sí afirmo es que si volvieran aquellas leyes, volvería á haber el derecho de tener esclavos.