—¿Por qué?
—Porque eso que dice usted y hacerse socialero, es lo mismo que ir á cazar al Pardo con un morral muy grande, ¿sabe usted? y una escopeta de caña. Eso es.
CAPÍTULO III
No hay que confiar en los relojes ni en la milicia.—Las mujeres son buenas, aun las que dicen que son malas.—Los borrachos y los perros.
Comenzaba ya á encarrilarse la imprenta. El trabajo se iba regularizando; pero Manuel ni un momento podía dejar el taller. Así, que si alguna diligencia tenía que hacer, la hacía de noche, después de cerrar la tienda. Jesús seguía viviendo en la casa, sin trabajar y sin hacer nada. Por las tardes iba á ver al señor Canuto, á charlar con él; luego cenaba, se acostaba, y al día siguiente aparecía á la hora de comer; muchas veces no se le veía el pelo.
—Jesús tiene dinero—le dijo una vez la Salvadora á Manuel—, ¿qué hace? ¿trabaja en algún lado?
—Que yo sepa, no.
—Pues tiene dinero.