—No sé cómo se las arreglará.
Una noche que Manuel fué á casa de un editor á entenderse con él para la publicación de unos libros, se le hizo tarde, y al llegar á la plaza del Callao vió á Jesús parado en una esquina, borracho, sin poder sostenerse. Manuel pensó en seguir adelante sin hacerle caso, pero luego le dió lástima y se acercó á él.
—¿Qué haces aquí?—le dijo.
—¿Quién es usted... para preguntarme á mí eso?—tartamudeó Jesús—. Ah, ¿eres tú? Estaba tomando el fresco.
—Tienes una curda indecente. Vamos á casa. ¡Anda!
—¿Qué anda? ¿Qué?
—¡Cómo estás! No te puedes tener.
—¿Y á ti qué te importa? Tú no eres más que un cochino burgués... eso... y un avaro. Entre tu hermano y esa otra te han hecho un roñoso... y un mal compañero.
—Bueno; yo seré un burgués; pero no huelo que apesta, como tú.
—Pero ¿á qué huelo yo? A vino, á vino...