—Diez y ocho años.

—Yo tengo una hija que tiene quince.

—¿Usted?

—Sí.

—No parece que tenga usted edad bastante.

—Sí, soy vieja; he cumplido ya treinta y cuatro. La chica está en Avila con mis padres. Yo, claro, no quiero que venga conmigo, y los abuelos suyos son pobres. Cuando tengo algún dinero se lo envío.

Jesús se puso serio, y comenzó á preguntarle por su vida.

—Hace un año tuve un hijo, y me lo tuvieron que sacar con unos ganchos—siguió contando la mujer mientras cortaba la carne con el cuchillo—. Desde entonces estoy mala; luego, hace unos meses, he tenido el tifus, me llevaron al Cerro del Pimiento, y allí me quitaron toda la ropa que tenía. Salí tan desesperada, que quise matarme.

—¡Se quiso usted matar!—exclamó la criada.

—Sí.