—¡Por fuera! Si en Inglaterra llego á entrar en política, seré conservador.
—¿De veras?
—¡Claro! ¿Qué haría yo en Inglaterra siendo anarquista? Vivir obscurecido. No; yo no puedo despreciar ninguna ventaja en la lucha por la vida.
—Pero usted ha resuelto ya su problema.
—En parte, sí.
—¿En parte? ¿Pues qué quiere usted más? Tiene usted el dinero que quiere; se ha casado usted con una mujer preciosa, bonísima...
—Aún queda algo que conseguir.
-¿Qué?
—El dominio, el poder. Si yo ya no deseara, estaría muerto. En la vida hay que luchar siempre; dos células lucharán por un pedacillo de albúmina; dos tigres, por un trozo de carne; dos salvajes, por unas cuentas de vidrio; dos civilizados, por el amor ó por la gloria... yo lucho por el dominio.
—¿Y siempre habrá que luchar?