—No sé; pero seguramente no irá á hacer cosa buena.

—Nos pondremos en acecho. Si otra vez le oyes que sale, llámame.

—Bueno.

Días después, al mediar la noche, sin que nadie le llamara, Manuel se despertó. Se oía ruido arriba, en el cuarto de Jesús. Se incorporó en la cama, y escuchó largo rato. Se oyeron pasos lentos, leves; después el crujido de los peldaños de la escalera. Manuel se levantó, se vistió y se acercó á la puerta. El que bajaba en aquel momento salía á la calle. Manuel abrió el balcón se asomó y vió á Jesús; luego bajó de prisa las escaleras; la puerta estaba entornada.

Adelantó Jesús por el obscuro callejón, convertido en un río de fango, y Manuel le siguió á larga distancia. La noche estaba obscura y temerosa; caía una lluvia fina y penetrante.

Al llegar al final del pasadizo que formaban las tapias de la calle de Magallanes, se oyó un silbido suave que fué contestado por otro.

Al terminar la calle obscura, Jesús volvió hacia la izquierda, pasó al lado de la tapia derruida del cementerio, luego se detuvo, miró en derredor, por si le seguían, se encaramó en la cerca y desapareció. Al poco rato, otro hombre hizo la misma operación. Manuel esperó, por si acaso.

Siguió esperando en su acechadero, y viendo que ya nadie aparecía, se fué acercando al sitio por donde saltaban. Tuvo la mala suerte de meterse en un barrizal. En los pies se le iban formando pellas de barro y no avanzaba más que á duras penas. Llegó tras de mucho bregar al sitio aquel.

La tapia estaba allí rota, formando un boquete. Manuel se asomó. Se veía el cementerio abandonado, con algunas lápidas blancas, que resplandecían á la vaga claridad de las estrellas.

No se oía nada. Juzgó Manuel que si quedaba allí le podían descubrir; volvió sobre sus pasos, y entró en un antiguo patio del cementerio, ya abierto y sin cerca, en donde se levantaban unas casuchas derruidas. Manuel recordaba que por allá había una puerta desvencijada que daba al campo santo. Efectivamente, la encontró; tenía grandes rajaduras y se puso á mirar por una de ellas el interior del cementerio.