Con el pretexto de que se había encontrado una noche la puerta de la calle abierta, al día siguiente encargaron al cerrajero que pusiera una cerradura. Jesús no dijo nada hasta unos días después.
—¿Por qué se cierra la puerta ahora?—preguntó á Manuel.
—Para que no entre nadie.
—Bueno; dadme una llave á mí.
—No hay más que una.
—Mandad hacer otra.
—No puede ser.
—¿Por qué?
—Porque no queremos que andes en malos pasos.
—¿Qué malos pasos?