—Ya sabes lo que te quiero decir.
—No sé; no te entiendo.
—¡Bah! Sí me entiendes.
—Como no te expliques más claro.
—¿De dónde sueles tener el dinero que gastas?
—Hago mis combinaciones.
—¿Quieres que te diga una cosa?
—¿Qué?
—Que tus combinaciones huelen á cementerio que apestan.
Jesús palideció profundamente.