—¿Me has espiado, eh?—dijo con voz débil.
—Sí.
—Hará unos ocho días.
—¿Y qué? ¿Qué has visto?
—He visto, que tú, el señor Canuto y otros, os vais á ganar el presidio.
—Bueno.
—Te advierto que está avisada la policía.
—Ya lo sé.
—¡Parece mentira; el señor Canuto metido en eso! Yo que lo creía una buena persona.