—Sí; no tenía supersticiones como vosotros.
—¿Y cuánto tiempo hace que desvalijáis ese cementerio?
—Cerca de un año.
—¿Y habéis apañado muchas cosas?
—Psch... la mar de porquerías... lápidas de mármol, verjas, cadenas de hierro, asas de metal, crucifijos, bustos, candelabros, letras de bronce... la Biblia en verso.
—¿Y dónde habéis vendido tanta cosa?
—En las prenderías. En un cafetín teníamos el centro de operaciones.
—Bueno; pues ya sabéis, la policía anda rondando. Avísale al señor Canuto.
—No; si ya lo sabe.
Unos días después le dijo Jesús á Manuel: