—¿Quiéres darme diez duros?
—¿Para qué?
—Para irme al Moro.
—¿Al Moro?
—Sí; voy á Tánger. Os dejaré en paz.
—¿Y qué vas á hacer allá?
—Eso es cuenta mía. ¿Tú me das el dinero?
—Sí, hombre; ahí tienes los diez duros.
—¡Gracias! ¡Que os vaya bien!
—¿Pero cuándo te vas?