Su conferencia fué de un carácter opuesto á la de Caruty.

La del francés, todo arte, y la del ruso, todo ciencia.

Para Ofkin, la cuestión social era una cuestión de química, de creación de albuminoides por síntesis artificiales. Transformar pronto las substancias inorgánicas en orgánicas: ésta era la base para resolver la lucha por la vida. Que tantos millones de hombres inorganizan tanta cantidad de substancia orgánica, pues todo es cuestión de volver á organizarla. Esto aseguró el ruso que se había hecho ya; se estaba trabajando en crear el protylo, una substancia protoplasmática primitiva parecida al bathibyus de Haeckel, con vida y crecimiento. De aquí á la creación de la célula, no había más que un paso.

El auditorio del juego de bolos no se entusiasmó con el protylo tanto como el judío ruso; se miraron todos, unos á otros, un poco asombrados. A Manuel le produjo el efecto de que la anarquía de aquel señor era también algún producto químico, encerrado en un frasco.

Un domingo de Abril, por la tarde, se habían reunido en el invernadero, huyendo de la lluvia, unos cuantos y charlaban alrededor de la mesa.

—¿Y Maldonado?—preguntó Manuel al llegar y notar su falta.

—Ya no viene—dijo Prats.

—¡Hombre, me alegro!

—Todos dicen lo mismo—exclamó el Madrileño—. Maldonado es el tipo del republicano español. ¡Son admirables esos tíos!

—¿Por qué?—dijo el Bolo.