—Ya hace unos días que no le hemos visto.

—¿Sabes que han robado en ese cementerio?

—No; no sabía nada.

—¿No habéis notado algo desde vuestra casa?

—No.

—Pues ya llevan mucho tiempo robando. Es raro que...

—No, no es raro; porque yo no me ocupo de lo que hacen los demás. ¡Adiós!

Y Manuel se metió en el portal.

—Si preguntan por aquí algo—le dijo Manuel á la Salvadora y á la Ignacia—, no digáis ni una palabra.

Todo el barrio se conmovió con la noticia. Se volvió á hablar de muertos robados, y se supieron detalles cómicos y macabros. Un larguero de mármol, de una sepultura, había ido á parar á una tienda de quesos; las letras de bronce de los nichos, estaban en algunos escaparates de tiendas lujosas. Se dijo que Jesús y el señor Canuto eran los directores de la banda.