—Hombre...
—Dígame sí ó no, porque si no, le doy el cargo á otro.
—Sí, sí; yo no sé si tendré condiciones...
—¿Quiere usted, sí ó no?
—Sí, señor.
—Entonces, dentro de unos días tendrá usted el nombramiento.
Por esta serie de circunstancias, don Alonso fué de la policía.
Meses después de su ingreso en las huestes del Gallo, don Alonso tuvo que entrar en campaña. Una noche, en el soto de Migascalientes, cerca de la Virgen del Puerto, encontraron una mujer muerta, con una puñalada en los riñones. Era una mujer ya de cierta edad, llamada la Galga; una desdichada que ganaba algunos céntimos por aquellos andurriales.
Al día siguiente, la policía detuvo en un merendero á un randa, á quien le decían el Chaval.
Muchos le habían visto repetidas veces con la Galga; todos los indicios estaban contra él.