—No.
—Pues es muy sencillo. Viene la gente aquí, bebe este vinazo, se emborracha y vomita... y claro, tienen el vómito negro... por eso se llama la Manigua.
Fuera de este descubrimiento, no hicieron ningún otro relacionado con sus pesquisas.
Al día siguiente, muy de mañana, se metieron los dos por la calle del Sur.
—Vamos á ver si aquí nos enteramos—dijo Ortiz señalando una taberna.
Entraron en una tabernucha próxima á unos campos santos. Ortiz conocía al tabernero, y hablaron los dos de los buenos tiempos en que se pasaba el vino de matute á carros.
—Aquello era un negocio, ¿eh?—exclamó Ortiz.
—Sí, era—dijo el tabernero—; entonces se veía aquí luz divina. Ganaban lo que querían.
—Y tranquilamente.
—Me parece. Aquí se detenían los matuteros y los mismos de consumos les acompañaban á dejar el contrabando. Hubo días que se metieron en la bodega de esta casa más de treinta cubas.