—Sí.

—¿Quieres algo?

—No quiero nada.

—¿No necesitas algún dinero?

—No.

—¿No tienes que hacerme algún encargo?

—No.

Se miraron los dos atentamente. El Bizco volvió á tenderse en el banco.

—Si me matan, dile al verdugo que no me haga mucho daño—dijo.

—¿Pero no quieres nada más?