—No quiero nada de ti.

Salió Manuel del calabozo y se reunió á su hermano.

Hablando Manuel con sus amigos de la extraña recomendación que le había hecho el Bizco, el Bolo, el zapatero de portal, le dijo:

—Yo le conozco al verdugo. ¿Quieres que vayamos á verle una noche?

—Bueno.

—Pues yo iré á buscarte á la imprenta un día de estos.

—Sería mejor que me dijeras un día fijo.

—¿El sábado?

—Bueno.

Fueron Juan, Caruty y el Libertario á la imprenta y esperaron á que llegara el Bolo. Luego, en compañía de éste y de Manuel, se encaminaron por la calle de Bravo Murillo.