—A Barcelona.
—¿Así, andando?
—No tengo dinero.
—Mira, dinos la verdad, y te dejamos marchar.
—Pues la verdad es que soy estudiante de cura y he ahorcado los hábitos.
—Has hecho bien—gritó el de los bigotes.
—¿Y por qué no quieres ser cura?—preguntó el otro—. Es un bonito empleo.
—No tengo vocación.
—Además, le gustarán las chicas—añadió el bigotudo—. Y tus padres, ¿qué han dicho á eso?
—No tengo padre ni madre.