—¡Tan mal le iba!—exclamó Juan.
—Muriendo de jambre estaba, y cuando ya acosao dice uno: prefiero viví matando que no morirme de jambre, entonse tóos son despresios.
Interrumpió su palabra un golpecito dado en la puerta recatadamente; era el chico que traía el frasco de vino. El verdugo cogió el frasco y comenzó á escanciar en los vasos.
—¿Y qué? ¿Cuántos has ejecutado hasta ahora?—le preguntó el Libertario hablándole de pronto de tú.
—Uno catorse ó quinse.
—¿Y usted, no bebe?—le dijo Manuel viendo que no se echaba vino en el vaso.
—No; yo no bebo nunca.
—¿Ni cuando tiene usted que trabajar?
—Entonse meno.
—¿Ha ejecutado usted algún anarquista?