—No, buscar un encuadernador que alquile la puerta de al lado, y á él le convendría estar junto á una imprenta, y á nosotros tener aquí una encuadernación.
—Eso sí es verdad.
—Estése usted á la mira.
Se enteró Manuel, preguntó en varias imprentas, y ya iba á abandonar sus gestiones, cuando el dueño de La Tijera, periódico órgano de los sastres, le dijo:
—Yo conozco á un encuadernador que piensa mudarse de casa. Y tiene parroquia, porque trabaja bien.
—Pues voy á verlo.
—Le advierto á usted que es muy zorro. Como que es judío.
—¡Hombre, judío!
—¿Eso qué importa?
—Después de todo, nada. ¿Y cómo se llama?