—Pero eso es una tiranía.

—Una tiranía, ¿por qué?

—Vivir uniformados, haciendo todos lo mismo...

—Uniformados, no. Haciendo todos lo mismo, en parte, sí. Porque todos comemos, dormimos y paseamos. Nosotros no queremos la uniformidad en la vida de una nación, y menos aún en la vida de los individuos; que cada Municipio tenga su autonomía, que cada hombre viva como quiera sin molestar á los demás. Nosotros no queremos más que organizar la masa social y dar forma práctica á la aspiración de todos, de vivir mejor.

—Pero á costa de la libertad...

—Eso es según á lo que se llame libertad. La libertad absoluta llevaría á la concurrencia libre. El fuerte se tragaría al débil.

—No; ¿para qué?

—Son ustedes unos visionarios. Afirman ustedes brutalmente la individualidad, y cuando se les dice que el individuo puede extralimitarse en el uso de la libertad, no lo creen.

Con estas discusiones, Manuel iba haciéndose cargo de la cuestión en sus distintos puntos de vista, y al mismo tiempo, aunque no tuviese una dependencia directa, comprendía y se explicaba otras muchas cosas que antes no se había tomado el trabajo de comprender.

Esta actitud suya de expectación le hacía ecléctico; unas veces estaba con su hermano, otras con Morales.