Manuel no encontraba mal el anarquismo como necesidad de cambio de valores. Comparando este período con el anterior á la revolución francesa, encontraba que los anarquistas de hoy eran en menor intensidad y en menor altura; algo semejante á los filósofos de entonces. Lo que le parecía absurdo y estúpido á Manuel era el procedimiento anarquista. En cambio, respecto al socialismo que defendía Morales, le parecía lo contrario; le resultaba antipático el plan y su sistema de organización del trabajo por el Estado, sus bonos, sus almacenes nacionales, su intento de hacer del Estado un Proteo monstruoso (panadero, zapatero, quincallero), y de convertir el mundo en un hormiguero de funcionarios, marchando todos al compás. A esto Morales decía que el socialismo, por boca de Bebel, había dicho que toda concepción sobre la futura sociedad socialista, no tenía ningún valor.
En principio á Manuel la teoría socialista le parecía mucho más útil para el obrero que la de los anarquistas.
El anarquismo se consideraba siempre en vísperas de un cambio total; de una revolución completa. Se encontraba en el caso del que le ofrecen un empleo modesto para vivir y lo desprecia porque cree que va á heredar una gran fortuna. O todo ó nada. Y los anarquistas esperaban la revolución como los antiguos el santo advenimiento, como un maná, como una cosa que vendría sin esfuerzos pesados y molestos.
—¿Pero no es más lógico—decía Morales—, reunir las energías de toda la clase, para ir avanzando poco á poco hasta llegar á un gran desarrollo, que no esta revolución providencial de los anarquistas, que es una cosa como los polvos de la madre Celestina, para traer la felicidad del mundo?
Juan sonreía.
—La anarquía hay que sentirla—solía decir.
—Pero ¿por qué no han de aceptar ustedes la asociación? Es la mayor defensa del proletariado. Ustedes no admiten más que la propaganda individual por la idea ó por el hecho. La propaganda de la idea es, al cabo de poco tiempo, para un señor que hace un periodiquito, un buen negocio, y la propaganda por el hecho, es sencillamente un crimen.
—Para los burgueses, sí.
—Para todo el mundo. Matar, herir, es un crimen.
—Puede ser un crimen conveniente.