—El oro está dentro; saldrá á la superficie.

Un anochecer Juan presenció una apuesta entre Santa Tecla y la vieja arpía, con quien se hallaba amontonado.

—¿Qué sabes tú, vieja zorra?—decía Santa Tecla.

—¿Qué sé yo? Más que tú, asqueroso; mucho más que tú—replicaba la vieja haciendo gestos repugnantes.

—Tú crees que toda la gente es tan mala como tú.

—Si parece que tienes telarañas en los ojos.

—Calla, calla, arrastrá.

—Si es que tú pareces tonto; ya te figuras tú que la gente te da dinero porque eres tú.

—Calla... ¡leñe! ¡tanto moler y tanto amolar!... porque tú eres una cochina zorra, ya crees que todas lo han de ser.

—Y lo son. ¡Me parece!—y la vieja hizo un gesto desvergonzado.