—No; es que no he ganado.

—A mí no me vienes tú con infundios. Venga el dinero.

Ella no replicó. El le dió una bofetada, luego otra; después furioso la echó al suelo, la pateó y la tiró de los pelos. Ella no lanzaba ni un grito.

Al fin ella sacó de la media unas monedas y el Chilina, satisfecho, se marchó.

Juan y la Filipina encendieron una hoguera de ramas y los dos, muy tristes, se calentaron en ella.

Juan se fué á su casa. El oro de las almas humanas no salía á la superficie.

CAPÍTULO V

Esnobismo sociológico.—Anarquistas intelectuales.—Humo.