CAPÍTULO VI

Miedos pueriles.—Los hidalgos—El hombre de la Puerta del Sol.—El enigma Passalacqua.

Hay entre las diversas formas y especies de miedos, pavores y terrores, algunos extraordinariamente cómicos y grotescos.

A esta clase pertenecen el miedo de los católicos por los masones; el miedo de los republicanos por los jesuítas; el miedo de los anarquistas por los polizontes y el de los polizontes por los anarquistas.

El miedo al coco de los niños es mucho más serio, mucho menos pueril que esa otra clase de miedos.

Al católico no se le convence de que la masonería es algo así como una sociedad de baile, ni el republicano puede creer que los jesuítas son unos frailucos vanidosillos, ignorantuelos, que se las echan de poetas y escriben versos detestables y se las echan de sabios y confunden un microscopio con un barómetro.

Para el católico, el masón es un hombre terrible; desde el fondo de sus logias dirige toda la albañilería antirreligiosa, tiene un papa rojo, y un arsenal de espadas, triángulos y demás zarandajas.

Para el republicano, el jesuíta es un diplomático maquiavélico, un sabio, un pozo de ciencia y de maldad.