—Te venía á buscar—le dijo éste.

—¿Pues qué hay?

—Vigila á Juan. Es muy cándido y lo van á meter en algún lío. Me da en la nariz que hay algún manejo de la policía. Ahí por la taberna se han descolgado tipos que me escaman. Ahora un descubrimiento de un complot vendría al gobierno de perillas.

—¿Y qué dicen que van á hacer?

—Dicen que van á matar al rey. Es una añagaza burda. Figúrate tú, á los anarquistas qué nos importa que el rey viva ó que no viva, que mande Sagasta ó cualquier mamarracho de los republicanos.

La Salvadora y Manuel, ya sobre aviso, vigilaron á Juan.

Un día Juan recibió una carta que leyó con gran interés.

—Es un amigo de París—dijo—que aprovechándose de los trenes baratos quiere ver Madrid.

—Un amigo; ¿no será algún anarquista?—dijo la Salvadora alarmada.

—No. ¡Quiá!