La Salvadora y Manuel se estremecieron.

—¿Y qué hacemos?—preguntaron los dos.

—Hay que romper el tubo. ¡Animo! Y salga lo que saliere. Perico apretó el tubito con un alicate y lo hizo saltar.

—Ahora ya no hay cuidado. Vamos abajo.

Cogió el electricista la caja, y seguido de Manuel bajó la escalera. En el taller cortaron los alambres que reforzaban el aparato, y con un destornillador Perico soltó una tapadera sujeta á tuerca. Hecho esto, volcó la lata y salió una gran cantidad de polvo rojizo, que recogieron en un periódico. Había un par de kilos.

—¿Esto será dinamita?—preguntó Manuel.

—Debe serlo.

—¿Y qué hacemos con ella?

—Echala en la pila de la fuente con cuidado, y abre el grifo. Se irá marchando poco á poco.

Hizo esto Manuel, y dejó la llave de la fuente abierta.