Sería el barro negro de las Injurias y de las Cambroneras que ahogaría á los ricos; la venganza justa contra las clases directoras que hacían del Estado una policía para salvar sus intereses obtenidos por el robo y la explotación, que hacían del Estado un medio de calmar á tiros el hambre de los desamparados...
Aquella mayor parte de la humanidad que agonizaba en el infierno de la miseria se rebelaría é impondría la piedad por la fuerza, é impediría que se siguieran cometiendo tantas infamias, tantas iniquidades. Y para esto, para excitar á la rebelión á las masas, todos los procedimientos eran buenos, la bomba, el incendio, el regicidio...
¡Qué se podía contestar á un fanatismo así!
No había argumentos posibles; pero Manuel, cuando vió á Juan ya más tranquilo, le atacó de soslayo.
—Por lo menos—dijo—ya que estás dispuesto á un sacrificio tan grande, entérate primero de si no te engañan. Este Passalacqua era de la policía.
—¿Crees tú?
—Sí. Estoy seguro. ¿Quién viaja con un montón de papeles comprometedores, con un cuchillo grande con el mango lleno de nombres de anarquistas?
—Eso no tiene nada de particular.
—Pues bien, yo te digo que Passalacqua es de la policía, que sabía que iban á venir á registrar esta casa, y que si sigues fiándote así de cualquiera no te sacrificarás por la anarquía, sino que harás el caldo gordo al gobierno. Tú no le conocías antes á Passalacqua, ¿verdad?
—No.