—¿Cómo te relacionaste con él?

—Hace una semana recibí una carta de Passalacqua, de Barcelona; me decía que venía por un asunto urgente y si yo tenía un sitio seguro donde acogerle. Le contesté que sí, y entonces me escribió que el día I.º del mes llegaría, que tenía la intención de poner una bomba al paso de la comitiva en las fiestas de la Coronación, y que le reconocería por estas señas: joven, afeitado, con boína, con una maleta amarilla en la mano derecha y un paraguas negro en la izquierda. Al verle, debía preguntarle: ¿Este es el tren de Barcelona? Y el me contestaría: Yo no sé, señor; no entiendo bien el castellano. Efectivamente, así lo hice; bajé á la estación del Mediodía y me encontré con el italiano. Tomamos un coche. Passalacqua me indicó lo que trataba de hacer y que llevaba la bomba en la maleta. Iba yo á llevarle á mi antigua casa de huéspedes, cuando me dijo:—Soy indocumentado. Quizás no me quieran admitir aquí.

—Ves—saltó Manuel—, tenía interés en venir á tu casa.

—Yo le dije que sí, que le admitirían; pero él se empeñó en que estaría más seguro en mi casa. Yo no hubiera querido comprometeros á vosotros; pero lo traje aquí. Al irme á la cama pensaba: Si viene la policía, nos revienta. Cuando me han despertado, he dicho: Aquí está, y la verdad, al resultar que no había nada, ni bomba ni papeles, me he quedado asombrado. ¿Cómo habéis podido saber que iban á registrar la casa?

—La Salvadora lo sospechó; después yo tengo indicios para creer que Passalacqua es de la policía.

Manuel insistió en este punto para ver si llevaba la duda y la desconfianza al ánimo de su hermano.

CAPÍTULO VII

Otra vez Roberto.—La lucha por la vida.—El regalo del inglés.—El amor.