Una tarde, después de comer, estaba Manuel regando las plantas de su huertecillo, cuando se presentó Roberto.

—Hola, chico, ¿qué tal? ¿Estás de jardinero?

—Ya ve usted. ¿Y la señorita Kate?

—Muy bien. Allí en Amberes con su madre. Hemos hablado mucho de ti.

—¿Sí? ¿De veras?

—Te recuerdan con verdadero cariño.

—Son muy buenas las dos.

—Tengo ya un chico.

—¿Sí? ¡Cuánto me alegro!

—Es un pequeño salvaje. Su madre lo está criando. ¿Y tus negocios? ¿Qué tal van?