—Eres un sentimental infecto.
Luego añadió, dirigiéndose también á la Salvadora:
—Yo cuando hablo con Manuel, tengo que discutir y que reñirle. Perdone usted.
—¿Por qué?
—¿No le molesta á usted que le riña?
—Si le riñe usted con razón, no.
—¿Y que discutamos tampoco le molesta?
—Tampoco. Antes me aburrían las discusiones, ahora ya no; me interesan muchas cosas y también soy algo avanzada.
—¿De veras?
—Sí; casi, casi libertaria, y no es por mí, precisamente; pero me indigna que el gobierno, el Estado ó quien sea, no sirva más que para proteger á los ricos contra los pobres, á los hombres contra las mujeres, y á los hombres y á las mujeres contra los chicos.