—¿Quién?

—Un señor Bonifacio Mingote. Creo que tú le conoces.

—Sí.

—Me habló pestes de la madre de Kate, sin saber quién era yo. ¡Figúrate! Yo me las eché de incomodado y ahora no hace más que escribirme cartas que yo no leo.

—¿Y qué es de él? ¿cómo vive ahora?

—Creo que vive con una mujer que le pega y le hace barrer la casa.

—El, que era tan conquistador.

—Sí, ¿eh?... pues ya ves; ha sido conquistado... Oye, te tengo que decir una cosa—dijo Roberto en la puerta de la escalera.

—Usted dirá.

—Mira, no sé cuándo volveré á España; es muy posible que tarde, ¿sabes?