—¿Ve usted esas que pasan ahí?—las dijo un aprendiz con sorna señalando á las damas con el dedo—. Pues esas son las que hacen subir los garbanzos.

—Y que el pueblo no pueda vivir—añadió un hombre de malas trazas.

—¡Qué feas son!—murmuró una de las viejas gordas á su compañera.

—No, que serán guapas—replicó el aprendiz—. Con esa señora se podría poner una carnicería—añadió señalando con el dedo una anciana y melancólica ballena que iba en un coche suspendido por muelles.

—Y lo llevan al aire—siguió diciendo la vieja á su compañera sin hacer caso de las observaciones del muchacho.

Pa que no las entre la polilla—replicó el aprendiz.

—Y tien las tetas arrugás.

—No, que las tendrán duras.

—¿Y esas señoras son las ricas?—preguntó la lugareña á Manuel muy preocupada.

—Sí.