Un teniente oyó la observación y se quedó mirando al viejo amenazadoramente.
Caruty y el Madrileño intentaron cruzar por en medio de los soldados.
—No se puede pasar—dijo un sargento.
—Estos sorchis, porque visten con galones—dijo el Madrileño—, ya se figuran que son superiores á nosotros.
Pasó una bandera y dió la coincidencia de que se parara delante de ellos.
El teniente se acercó al señor Canuto:
—Quítese usted el sombrero—le dijo.
—¿Yo?
—Sí.
—¡No me da la gana!