CAPÍTULO IX

La noche.—Los cuervos.—Amanece.—Ya estaba bien.—Habla el Libertario.

Al llegar, Manuel tomó en brazos á Juan y le subió á su casa.

La Ignacia y la Salvadora, al verle en aquel estado, preguntaron desoladas.

—¿Qué ha sido? ¿Qué ha sido?

—Nada, qué le ha dado un vómito y no sé cómo no se ha muerto. Está desmayado.

Le desnudaron entre los tres, le pusieron botellas de agua caliente y llamaron al médico. Le dió éste una poción de morfina, porque de cuando en cuando el enfermo seguía tosiendo y echando sangre.

—¿Cómo está?—le preguntó la Salvadora al médico.

—Mal, muy mal. Hay una depauperación grande y la enfermedad se encuentra muy avanzada. No puede resistir más que días.