—Sí, hombre—dijo Perico después de un largo rato de silencio—, debías establecerte cuanto antes y casarte.
—¡Casarme! ¿Con quién?
—¡Toma! ¿con quién? Con la Salvadora. Tu hermana, el chiquillo, tú y ella... podéis vivir al pelo.
—Es que la Salvadora es una mujer muy rara, chico—dijo Manuel—¿Tú la entiendes? Pues yo tampoco. Me tiene, creo yo, algún cariño, porque soy de la casa, como al gato; pero en lo demás...
—¿Y tú?
—Hombre, yo no sé si la quiero ó no.
—¿Aún te acuerdas de la otra?
—Al menos aquella me quería.
—Lo que no impidió que te dejara; la Salvadora te quiere.
-¡Qué sé yo!